Refritando

Hay un momento, inesperado y medio inexplicable, en el cual se te prende la lucecita. Así. De la nada. De repente. Te estás lavando los dientes o estás estirando el brazo para parar el colectivo que si no para, llegás tardísimo; estás esperando que no te hierva el agua o terminando de tragar para hablar y te das cuenta ahí, te agarra como cachetada de frío cuando salís del subte: todo ese tiempo que pasó, tiene un denominador común y todo ese tiempo fue eso, ese denominador. Se ocupó de opacar todo lo demás; te dejó sin temas de conversación y sin darte cuenta, hiciste todo en función de él.
Meses para aprobar, meses para terminar una etapa, meses para irte de viaje, meses teñidos de un color. Meses esperando algo, meses esperando que no se termine. Pero siempre meses y un subtítulo. Nunca meses sólo, nunca un tiempo sin ese denominador imposible de sacarse como chicle pegado al pelo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

cachogos cachogos